viernes, 22 de septiembre de 2017

jueves, 21 de septiembre de 2017

Después de Roald Dahl... ¡Gloria Fuertes!


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Gloria Fuertes. Artículo en La Vanguardia


Entrevista a Jorge Cascante para La Vanguardia (17/03/2017 01:19 | Actualizado a 17/03/2017 08:22)

Quién era Gloria Fuertes?
Un ejército de una sola mujer.
¿Esto... es suyo o es de ella?
Digo cosas que creo que se me ocurren a mí... pero seguro que son de Gloria Fuertes.
¿Desde cuándo le pasa esto?
Desde que un profesor del cole me dijo: “Lee a Gloria Fuertes”. Su poesía me abrió la vida.
¿Tanto?
Me brindó un modo de mirar, de estar, de ser, una manera de hablar sencilla, sin solemnidad, sin pompa, una voz muy amorosa, muy divertida y con profunda verdad.
Se la tiene por poeta naif para niños...
Se la coló por completo a la España rancia. Y encima sembró en los niños su subversión.
¿Subversión?
Humor, amor, pacifismo, feminismo. Si alguien la llamaba poetisa, atajaba: “La poesía es femenina, ¡la mujer es poeta! El hombre..., que sea poeto”.
Lo recuerdo, la veía en TVE...
La cometa blanca, en los 80. Un globo, dos globos, tres globos, y su canción, en los 70... Y en los 60 guionizó Los chiripitifláuticos.
Entonces... ¡soy hijo de Gloria Fuertes!
Fabricó sensibilidades. Enseñó una estética y una ética. Si amigos suyos se agriaban discutiendo de política, ella terciaba: “¡Mejor reírse de todo!”.
Suscribo, ahí me reconozco.
Ante la vida, desencantada pero ¡celebrándola! Sentimiento y risa. Iba a lo hondo. En los 40, llevaba libros a niños pobres... ¡en su propia Vespa, sola! ¡Nadie hacía eso!
Y les recitaba, supongo.
“Yo leo, no recito”, decía. Pero hablaba y recitaba, vivía y recitaba, recitaba su vida.
Con aquella voz rasposa suya...
¡Madrugadas de whisky y tabaco en los bares! “El artista que se queda en casa ni es artista ni nada”, y en las noches decía poemas a putas, borrachos, serenos... O iba a una radio y los leía a camioneros: “Necesitan poesía”.
¿Esa era su filosofía?
Embellecer la vida, escribir, salir, amar, ¡amar!, recoger perros abandonados, dar poemas, ¡divertirse! Era surrealista sin saberlo y la reina de todas las fiestas.
¿De dónde salía una mujer así?
Su madre le pegaba si la veía leyendo. Le fusilaron a un novio republicano y a otro franquista... Compartió chistes con un mozo que luego sería Gila... Sale del mísero Madrid de la guerra: si nada tienes, la poesía te salva.
¿Cómo sabe tanto de Gloria Fuertes?
Me he zambullido en sus papeles personales, fotos, recortes... He hablado con amigos suyos que me han dado poemas inéditos escritos en servilletas de papel...
Deme un poema de Gloria Fuertes.
“Me dijeron: / O te subes al carro / o tendrás que empujarlo. / Ni me subí ni lo empujé./ Me senté en la cuneta / y alrededor de mí, / a su debido tiempo, / brotaron las amapolas”. ¡Este poema contiene a Gloria Fuertes!
Me gusta... ¿Creía en Dios?
Lo inventaba, como la realidad, a la que no permitía que la amargase. ¡Se abrazó al amor como lo más importante de la vida! Quería enamorarse de todos..., y lo hacía.
¿Tuvo algún gran amor?
Phyllis, profesora de inglés, norteamericana, que la envío becada a Estados Unidos, allí leía poemas en los bares... junto a una desconocida con guitarra: Joan Baez.
¿Y qué tal con Phyllis?
Cuando Phyllis murió, Gloria cayó en una depresión. Quiso suicidarse, pero... “Fui a tirarme a la vía del tren... y me tiré a la taquillera”, resumía. ¡Así era ella, enamoradiza!
Y valiente.
Un día, Vicente Aleixandre, apoyándose en un hombro de ella al bajar las escaleras de su casa, suspiró: “¡Ay, Gloria, tú serás el apoyo de mi vejez”. Y ella no pudo contener la travesura: “¡Y tú mi polla!”. El estirado de Aleixandre, muy escandalizado, la miró desde entonces con mucho susto y desconfianza.
Ja, ja, ja...
Era divertida, reía con la imitación de Millán, de Martes y Trece. Y también solitaria: “Para escribir, me escondo”. Un día, septuagenaria, rompió a llorar tras un recital: “Estoy muy sola”, confesó. Un matrimonio de su edad se le acercó: “¿Podemos adoptarla?”, propusieron. ¡Y, ante notario, la adoptaron!
Deme otro poema de Gloria Fuertes.
“Cuando estés recién muerto, / aún con latibia tibia, / aún con las uñas cortas, / querrás hacer algo / –lo que podías hacer ahora–; / y ya habrán cerrado las tiendas y portales; / y ya será muy tarde para llegar a tiempo / a los que hoy te aman”.
Buen aviso: tomo nota.
“La gente corre tanto porque no sabe dónde va”, escribió Gloria, que se dirigía a la gente, era poeta del pueblo, poeta de guardia, iba en serio..., y le dolía no ser entendida.
¿Cómo acabó su vida Gloria Fuertes?
Junto a su buena amiga Mari Trini, la cantante, que con su guitarra le tocaba y cantaba, las dos solas en la habitación del hospital. “Empezamos a saber vivir... un poco antes de morir”, escribió Gloria, ¡siempre poeta!
¿Despedimos ahora a nuestra poeta?
Sí, con un poema (“Lo primero, la bondad/ lo segundo, el talento. / Y aquí termina el cuento”) y con su epitafio: “Creo que ya lo he dicho todo / y que ya todo lo amé”.

Poemas y vida

Gloria Fuertes cambió vidas con su poesía, “una de las cosas más increíbles y bellas que suce­dieron aquí durante el siglo XX”. Lo dice El libro de Gloria Fuertes (Blackie Books), una Antología de poemas y vida, obra de Jorge de Cascante, una de las víctimas de su antologada. Como yo, que la veía de niño en TVE: eso marca. Los adultos la llamaban “niña grande”, cuando era una rapera anticipada y una poeta de dos pares de tropos: “Escribo como escribo / a veces deliberadamente mal / para que os llegue bien”. Brilló: “No quiero ser maestra de nada. / Me conformaría con ser una lección de algo”, porque “La gloria no la busco, / ya la tengo en mi nombre”. Era un noparar.

Poesía y rap; Gloria Fuertes y Eskarnia


Artículo en "El Español"

El rap canta a Gloria Fuertes contra el machismo y la injusticia 




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