Entrevista a Jorge Cascante para La Vanguardia (17/03/2017 01:19 | Actualizado a 17/03/2017 08:22)
Quién era Gloria Fuertes?
Un ejército de una sola mujer.
¿Esto... es suyo o es de ella?
Digo cosas que creo que se me ocurren a mí... pero seguro que son de Gloria Fuertes.
¿Desde cuándo le pasa esto?
Desde que un profesor del cole me dijo: “Lee a Gloria Fuertes”. Su poesía me abrió la vida.
¿Tanto?
Me
brindó un modo de mirar, de estar, de ser, una manera de hablar
sencilla, sin solemnidad, sin pompa, una voz muy amorosa, muy divertida y
con profunda verdad.
Se la tiene por poeta naif para niños...
Se la coló por completo a la España rancia. Y encima sembró en los niños su subversión.
¿Subversión?
Humor,
amor, pacifismo, feminismo. Si alguien la llamaba poetisa, atajaba:
“La poesía es femenina, ¡la mujer es poeta! El hombre..., que sea
poeto”.
Lo recuerdo, la veía en TVE...
La cometa
blanca, en los 80. Un globo, dos globos, tres globos, y su canción, en
los 70... Y en los 60 guionizó Los chiripitifláuticos.
Entonces... ¡soy hijo de Gloria Fuertes!
Fabricó
sensibilidades. Enseñó una estética y una ética. Si amigos suyos se
agriaban discutiendo de política, ella terciaba: “¡Mejor reírse de
todo!”.
Suscribo, ahí me reconozco.
Ante la vida,
desencantada pero ¡celebrándola! Sentimiento y risa. Iba a lo hondo. En
los 40, llevaba libros a niños pobres... ¡en su propia Vespa, sola!
¡Nadie hacía eso!
Y les recitaba, supongo.
“Yo leo, no recito”, decía. Pero hablaba y recitaba, vivía y recitaba, recitaba su vida.
Con aquella voz rasposa suya...
¡Madrugadas
de whisky y tabaco en los bares! “El artista que se queda en casa ni es
artista ni nada”, y en las noches decía poemas a putas, borrachos,
serenos... O iba a una radio y los leía a camioneros: “Necesitan
poesía”.
¿Esa era su filosofía?
Embellecer la vida,
escribir, salir, amar, ¡amar!, recoger perros abandonados, dar poemas,
¡divertirse! Era surrealista sin saberlo y la reina de todas las
fiestas.
¿De dónde salía una mujer así?
Su madre le
pegaba si la veía leyendo. Le fusilaron a un novio republicano y a otro
franquista... Compartió chistes con un mozo que luego sería Gila... Sale
del mísero Madrid de la guerra: si nada tienes, la poesía te salva.
¿Cómo sabe tanto de Gloria Fuertes?
Me
he zambullido en sus papeles personales, fotos, recortes... He hablado
con amigos suyos que me han dado poemas inéditos escritos en servilletas
de papel...
Deme un poema de Gloria Fuertes.
“Me
dijeron: / O te subes al carro / o tendrás que empujarlo. / Ni me subí
ni lo empujé./ Me senté en la cuneta / y alrededor de mí, / a su debido
tiempo, / brotaron las amapolas”. ¡Este poema contiene a Gloria Fuertes!
Me gusta... ¿Creía en Dios?
Lo
inventaba, como la realidad, a la que no permitía que la amargase. ¡Se
abrazó al amor como lo más importante de la vida! Quería enamorarse de
todos..., y lo hacía.
¿Tuvo algún gran amor?
Phyllis,
profesora de inglés, norteamericana, que la envío becada a Estados
Unidos, allí leía poemas en los bares... junto a una desconocida con
guitarra: Joan Baez.
¿Y qué tal con Phyllis?
Cuando
Phyllis murió, Gloria cayó en una depresión. Quiso suicidarse, pero...
“Fui a tirarme a la vía del tren... y me tiré a la taquillera”, resumía.
¡Así era ella, enamoradiza!
Y valiente.
Un día,
Vicente Aleixandre, apoyándose en un hombro de ella al bajar las
escaleras de su casa, suspiró: “¡Ay, Gloria, tú serás el apoyo de mi
vejez”. Y ella no pudo contener la travesura: “¡Y tú mi polla!”. El
estirado de Aleixandre, muy escandalizado, la miró desde entonces con
mucho susto y desconfianza.
Ja, ja, ja...
Era
divertida, reía con la imitación de Millán, de Martes y Trece. Y también
solitaria: “Para escribir, me escondo”. Un día, septuagenaria, rompió a
llorar tras un recital: “Estoy muy sola”, confesó. Un matrimonio de su
edad se le acercó: “¿Podemos adoptarla?”, propusieron. ¡Y, ante notario,
la adoptaron!
Deme otro poema de Gloria Fuertes.
“Cuando
estés recién muerto, / aún con latibia tibia, / aún con las uñas
cortas, / querrás hacer algo / –lo que podías hacer ahora–; / y ya
habrán cerrado las tiendas y portales; / y ya será muy tarde para llegar
a tiempo / a los que hoy te aman”.
Buen aviso: tomo nota.
“La
gente corre tanto porque no sabe dónde va”, escribió Gloria, que se
dirigía a la gente, era poeta del pueblo, poeta de guardia, iba en
serio..., y le dolía no ser entendida.
¿Cómo acabó su vida Gloria Fuertes?
Junto
a su buena amiga Mari Trini, la cantante, que con su guitarra le tocaba
y cantaba, las dos solas en la habitación del hospital. “Empezamos a
saber vivir... un poco antes de morir”, escribió Gloria, ¡siempre poeta!
¿Despedimos ahora a nuestra poeta?
Sí,
con un poema (“Lo primero, la bondad/ lo segundo, el talento. / Y aquí
termina el cuento”) y con su epitafio: “Creo que ya lo he dicho todo / y
que ya todo lo amé”.
Poemas y vida
Gloria Fuertes cambió vidas con su poesía,
“una de las cosas más increíbles y bellas que sucedieron aquí durante
el siglo XX”. Lo dice El libro de Gloria Fuertes (Blackie Books), una
Antología de poemas y vida, obra de Jorge de Cascante, una de las
víctimas de su antologada. Como yo, que la veía de niño en TVE: eso
marca. Los adultos la llamaban “niña grande”, cuando era una rapera
anticipada y una poeta de dos pares de tropos: “Escribo como escribo / a
veces deliberadamente mal / para que os llegue bien”. Brilló: “No
quiero ser maestra de nada. / Me conformaría con ser una lección de
algo”, porque “La gloria no la busco, / ya la tengo en mi nombre”. Era
un noparar.